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EL PUERTO DE MAHÓN

Además de su espectacular belleza natural, es conocido en todos los anales marítimos debido al gran protagonismo alcanzado a lo largo de su historia, algo que hoy día nadie pone en duda. Y resulta muy difícil reducir en poco espacio tan dilatada historia escrita a través del paso de los siglos.

Dícese por los historiadores clásicos que del 1500 al 1200 a. de J.C. abordaron las costas de Menorca los navegantes fenicios, que fundarían en la Isla tres colonias: Maghen (Mahón), Iamona (Ciutadella) y Sanicera (Sanitja), al igual que se les atribuye el nombre de Nura, como se conocía a la isla de Menorca. Les siguieron el pueblo griego, debido al carácter expansivo y colonizador de estos últimos que, tras extenderse hacia Chipre y Egipto, optaron por el Mediterráneo Occidental a través del Adriático, Italia, Sicilia, Cerdeña, Córcega, sur de Francia, saltando desde esas costas hacia las de Baleares. Nuevos nombres a las islas fueron obra suya como Gimnesias (Mallorca y Menorca) y Pythyusas (Ibiza y Formentera). Calculase la aparición en Menorca no más allá del siglo IV a. de J.C. Se duda de la conquista de la Isla por parte de los cartagineses aunque se acepta que se aposentaran en ella tras la segunda guerra Púnica para mejor manejo de sus escuadras e incluso tomaran a sueldo para sus campañas a los famosos honderos. En el año 206 a. de J.C. se cuenta que vino aquí el general Magón, hermano de Aníbal, invernando durante el 205 en el seguro puerto de su nombre.

Dueña Roma de nuestro mar, una vez vencido definitivamente Cartago en la victoria de Zama y sofocadas diversas luchas intestinas que afloraban por la península Ibérica, mandó a Baleares al Cónsul Quinto Cecilio Metelo, al frente de una poderosa escuadra. En el año 122 a. de J.C. conquistó Mallorca y en vista de la nueva situación, Menorca no opondría resistencia, pasando a depender de la Provincia Tarraconense con el nuevo nombre de Balearis Minor. Bajo su poderío Mahón fue erigido en municipio, con el nombre de Flavio Magontano por el peso específico, sin duda, de su magno puerto. Le siguieron los vándalos, bizantinos y sarracenos. Los moros berberiscos invadieron en sus algaradas en diversas ocasiones la isla, saqueando continuamente a sus moradores. Alfonso III conquista Mallorca y nuevamente en la Península, organiza su ejército y su marina, saliendo desde ese mismo puerto el 22 de noviembre de 1286 haciendo escala en Palma para terminar de reunir su escuadra que suman 120 velas y pone rumbo a Menorca tras la Navidad. Pero un fortísimo temporal dispersaría a su potente flota, entrando el Rey en el puerto mahonés en los primeros días de enero. Son únicamente veinte galeras. En los siguientes días irían arribando el resto. El Almojarife se dio cuenta rápidamente del alarde de fuerza que le estaba presentando el rey cristiano, por lo que decidió encerrarse en el castillo de Sen Agaiz. Partió tras él sin pérdida de tiempo el ejército aragonés firmándose las capitulaciones al poco tiempo. Menorca quedaba incorporada nuevamente a la corona de Aragón. Posteriormente volvería Baleares a ser independiente hasta ser conquistada por Pedro IV el Ceremonioso. Éste se ocupó en dar a Menorca las primeras ordenanzas para el buen régimen de las poblaciones; creó el Consulado del Mar y concedió representación menorquina en las Cortes generales de Aragón. En 1707, Dávila, Gobernador de Menorca adicto a Felipe V, recibió un refuerzo de cinco buques franceses, y los carlistas (partidarios del Archiduque Carlos) fueron derrotados en Mahón. Pero llegó la hora de las represalias. El 19 de septiembre de 1708 apareció en Mahón la escuadra anglo-holandesa al mando del almirante Leake, llevando a bordo al general Diego de Stanhope. El día 30 la Isla estaba en poder del pretendiente. Los ingleses se aposentaron bajo el título de aliados, para convertirse luego en dominadores. El Tratado de Utrech, firmado en 1713, sancionó la ocupación inglesa. Con el goce de sus privilegios, bienes y honores y con el libre uso de la religión católica-romana para sus naturales, pasó Menorca a ser colonia inglesa. Se estableció el nuevo gobierno en el Castillo de San Felipe y más tarde en Mahón. Inglaterra valoró muy positivamente su nueva conquista y deseando para ella su florecimiento y bienestar, llamó a su corte a diputados menorquines para acordar diversos aspectos del régimen civil y eclesiástico que más les conviniera. A las órdenes del Gobernador Kane comenzaba para la Isla, y muy especialmente para Mahón, una serie ininterrumpida de provechosas mejoras. Así, entre otros, se construyó un astillero naval, se expropió la Isla del Rey para convertirla en la Bloody Island que acogería el Hospital para la Marina y se impulsaron las obras de mejora del Castillo de San Felipe. También se creó el Tribunal del Almirantazgo.

Pero las relaciones entre Inglaterra y Francia habían comenzado a hacerse tirantes desde 1748 y esta última decidió armar tres escuadras, una de las cuales, al mando de Galissonire, debía de embarcar el ejército de las costas del Mediterráneo, invistiendo del mando supremo del mismo al mariscal Duque de Richelieu, escuadra que se destinaba secretamente a la conquista de Menorca. Compuesta de doce navíos y cinco fragatas, montando un total de 962 cañones, se presentó frente a Ciutadella el 18 de abril de 1756. Era entonces gobernador de la Isla el anciano Blakeney, que al enterarse de la situación hizo plegar a todas sus tropas hacia el fuerte de San Felipe (eran 1.600 soldados de a pie y 600 marineros). Richelieu desembarcó sin problemas al frente de sus 12.000 hombres y llevó a pie del castillo diverso material de guerra para ponerle sitio. Terminado de montar el sitio, el 26 por la tarde los sitiadores se aprestaban a dar el golpe decisivo al fuerte, que caía en la madrugada del 28. El ejército inglés fue repatriado y tras promulgar las nuevas ordenanzas. Richelieu emprendía el regreso a Tolón dejando como Gobernador al Conde de Lannión, que había sido el jefe del ala derecha del ataque general. Bajo su mando se abrieron nuevos caminos, se fundó el pueblo de San Luis y los ingenieros reales levantaron la mejor carta de Menorca que hubiera existido hasta entonces. Pero el Tratado de Paz suscrito en París el 10 de febrero de 1763 restituyó la Isla de Menorca a la Corona británica, haciéndose la entrega oficial el 4 de junio siguiente.

Con la nueva dominación británica se reanudaron diversas mejoras para la Isla; con los restos del arrabal de San Felipe se construyó George-Town (Es Castell) y se reanudaron obras en el Hospital Militar de Marina. Durante las dominaciones británicas, numerosos barcos menorquines fueron armados en corso, dedicándose a saquear a los que navegaban por la zona. En 1781 zarpan de Rota diecisiete buques de guerra al mando del brigadier Moreno, agregándose durante el viaje nuevas unidades hasta formar una escuadra de 50 barcos y un ejército de 16.000 hombres acaudillados por el Duque de Crillón, tomando tierra en Cala Mesquida y en Cala de Alcaufar. Se tomó Ciutadella y Fornells sin ninguna resistencia y los ingleses volvieron a encerrarse en el Castillo de San Felipe con su Gobernador Murray con ellos. Pronto se vieron rodeados de poderosas baterías. El 6 de enero de 1782 se iniciaba el ataque que duraría hasta el 4 de febrero, en que los sitiados levantaban la bandera de parlamento. Apenas conquistada, el Gobierno de Carlos III ordenó la inconcebible demolición del Castillo. Los menorquines pronto se convencieron de que con el cambio habían perdido las libertades de las que gozaban hasta entonces y, en ese período, en que el puerto de Mahón había quedado indefenso por la voladura del Castillo que era su mejor bastión, caía entre la población la alarmante noticia de que los argelinos, que acababan de repeler dos expediciones del almirante Barceló, trataban de atacar la Isla con una poderosa escuadra. La firma de la paz entre ambos países despejaría el peligro.

No tardarían los británicos en apoderarse por tercera vez de Menorca. Su armada no disponía ni puerto ni apostadero alguno en el Mediterráneo y, por contra, los franceses habían progresado rápidamente en Egipto. El 7 de noviembre de 1798 el Vigía del Toro anunciaba la presencia de una escuadra enemiga que navegaba con rumbo a la Isla. Los menorquines se aprestaron a su defensa según un plan preconcebido por el gobernador Quesada. En Cala Molí y en el puerto de Addaia desembarcaban 4.000 ingleses escasos al mando del general Stward. Tras una breve escaramuza, retrocedió rápidamente la fuerza de Quesada hasta encerrarse en Ciutadella. Los ingleses tomaron Fornells, Mahón y su castillo y posteriormente se dirigieron a Ciutadella, que se rindió sin un solo tiro. El General Stward había tomado la isla entera sin perder a un solo hombre. El cobarde abandono realizado de la Isla por Quesada y su gente sería severamente juzgado por Carlos IV.

Cambio radical en los órdenes político y militar, se restablece el Tribunal del Vicealmirantazgo y se emprende la reedificación del castillo de San Felipe bajo la atenta vigilancia del nuevo Gobernador Stward. Con motivo de las proporciones colosales que la guerra declarada a Napoleón tomaba en el mar Mediterráneo, Mahón se había convertido en estación naval de escuadras de todas las procedencias. En 1801 se firmaban en Londres los preliminares de la paz y el 25 de marzo de 1802 se ratificaban por el Tratado de Amiens. El 16 de junio el general don Juan Miguel Vives tomaba posesión de Menorca en nombre de España. Si Inglaterra había consentido en devolverla a España se debía al objeto de obtener la evacuación de Egipto por parte de los franceses. Al enterarse de que éstos lo habían hecho antes de la ratificación del tratado, ordenaron a sus tropas que no la evacuaran bajo ningún concepto. La orden llegó aquí tarde y Menorca desde aquella fecha ha continuado sin interrupción alguna formando parte integrante del territorio español.

Nueva dominación borbónica, recorte de libertades, derogamiento de la ley municipal de Stward y a volar nuevamente las obras de reconstrucción del Castillo de San Felipe, que con febril actividad habían levantado los ingleses en su última ocupación. En 1808 hubo un intento de pronunciamiento en favor de Napoleón por parte del coronel del regimiento de Soria, de guarnición en Mahón, pero los soldados y sus propios oficiales lo impidieron. Poco después era proclamado Rey Fernando VII.

Durante la guerra de la Independencia, Menorca, protegida por las Escuadras británicas, se libró de la ocupación francesa, y merced a la inmigración de numerosos catalanes y a la conducción al puerto de Mahón de presas valiosísimas. Aquel periodo tan triste y azaroso para la Península, fue para Menorca de prosperidad y riqueza. Con la expulsión de los franceses y vuelto al trono Fernando VII en mayo de 1814, abandonaron el puerto los buques extranjeros, dejándolo en un estado de abatimiento total. La maestranza y los maestros de ribera, tan importantes hasta entonces, pudieron mantenerse algunos años más merced al comercio con Oriente: Tanganrok, Jenilaké, Odessa, Constantinopla, Alejandría, Túnez, Sicilia, etc. Mejoradas las relaciones con Francia, en 1830, Menorca sirve al ejército francés como punto de escala para la conquista a Argel, y en la isla del Rey, cedida al efecto por el Gobierno español, tuvieron el hospital para sus heridos y enfermos de la campaña. Pero en la Isla aumentan las dificultades y la miseria y numerosos indígenas parten hacia Argel y a las Américas, donde formarán colonias bastante numerosas. En 1848 se inician las obras de la formidable Fortaleza de Isabel II, y en 1860, visita las obras de la misma la propia Reina.

Actualmente quedan diferentes vestigios en pie del paso de la historia del Puerto de Mahón, como son la Fortaleza de Isabel II, el Lazareto, la isleta de la Cuarentena, Los Cementerios, la Bloody Island, y el Arsenal (hoy Estación Naval). Veamos muy rápidamente una descripción de cada uno de ellos.

LA FORTALEZA DE ISABEL II EN LA MOLA

 Impresionante promontorio que no se escapa a la vista de quien llega a Mahón por mar. Cuando en 1708 los ingleses vinieron a la Isla para apoyar al Archiduque Carlos, fueron autorizados a edificar un fuerte en el llamado “Cap de la Mola” para emplazar una de sus baterías, al que denominarían “Fuerte Ana”. Sin embargo, previamente los españoles habían intuido las ventajas de aquel lugar elevado y habían erigido en 1631 la llamada “Torre de Sant Jordi”, que sería visible con las demás existentes en la costa para prevención de visitas o escaramuzas indeseadas por vía marítima. En el siglo XIX las necesidades militares aconsejan la construcción de una fortaleza de rango superior. Así comenzarían las obras en 1848 y se inauguraban en su primera parte en 1852. A partir de entonces se continuaron con bastante lentitud hasta que en 1855 se reanudaban con gran celeridad. La obra fue agradecida por los obreros en paro de la Isla. Como su objeto era la defensa del Puerto, se dotaron las instalaciones con casamatas, troneras, pasadizos, etc. con una calidad de construcción impresionante que aún hoy día se puede admirar perfectamente puesto que sus murallas y aspilleras se mantienen prácticamente en las mismas condiciones de cuando eran utilizadas.

EL LAZARETO

¿Qué se esconde tras esos ciclópeos muros?, ¿qué vestigios originales restan de su época? Existen en uso dos accesos: la “Puerta de los Borbones” (comúnmente denominada de los “Leones”) con un hermoso capitel y, más al sur, la denominada “Puerta de los Austrias”, levantada bajo ese otro estilo. En su interior se puede observar rápidamente la magnitud y grandiosidad de los edificios y jardines que allí se encuentran. A la izquierda el más espectacular de todos, que se conoce con el apelativo de la “Cuadra Francesa” por su estilo de construcción según una primera versión o, posiblemente, por haber albergado a 500 prisioneros de esa nacionalidad, escuchado en una segunda; en sus inmediaciones está una de las puertas que dan al exterior por el N. llamada “Puerta de los Locutorios” y adjuntos a la misma, los departamentos que le dieron nombre. Éstos, constituidos por unas cabinas construidas de obra que contienen una doble reja en medio de la cual, se disponían sustancias olorosas y desinfectantes tales como agua con vinagre, servían para recibir visitas; por el lado del complejo se situaban los “cuarentenarios” mientras que, por el otro estaban los familiares y amigos que acudían a visitarlos accediendo por dicha puerta pero, siempre, manteniéndose separados sin posibilidad de contacto físico. El Lazareto se halla circundado por unas espectaculares murallas de 1,30 a 1,55 metros de espesor en su parte inferior, 0,50 metros por su parte superior y 7,54 metros de altura total. El perímetro es de 1.580 metros lineales. En sus inicios la muralla albergaba cuatro puertas principales que conducían a los tres departamentos entonces llamados de patentes “Sospechosa”, “Sucia” y “Apestada”, limitadas entre sí por un muro de características semejantes al exterior y distante de éste 13,05 metros. Las dos puertas exteriores orientadas hacia Es Castell estaban destinadas a servicios generales. Las que miran hacia Cala Teulera servían, una para entrar los enfermos al complejo y la otra, para introducir los géneros “contumaces” en la “Sucia” y en la “Sospechosa”. Todas las zonas estaban delimitadas unitariamente discurriendo a través de ellas una “tierra de nadie” situada entre una doble muralla. Un monumento singular perfectamente conservado lo es la preciosa “Capilla de San Sebastián”, entre otros varios bastante interesantes.

LA ISLETA DE LA CUARENTENA

De una longitud de 212 metros y una anchura de otros 50, pertenece en la actualidad a la Armada y es zona militar. Tiene en su haber ser la primera en la que se realizaron labores cuarentenarias, quemándose ropajes y cargas consideradas como contagiosas. En la segunda dominación inglesa se estableció un derecho de ancoraje para los buques extranjeros cuya recaudación se destinaba a las obras de construcción de una serie de edificaciones en la misma y para dicho fin. Si bien sus construcciones se redujeron a diez pequeños almacenes enrejados, en 1785, siendo la Isla nuevamente española, se le agregaron 29 habitaciones destinadas a enfermos, sahumerios, cocinas, etc. Otra construcción original (la única que aún perdura) fue el almacén-varadero para la chalana que albergaba el equipo de fumigación portátil Clayton.

LOS CEMENTERIOS

 Varios han sido los cementerios que han ido construyendo en el Puerto los diferentes pueblos colonizadores de la isla a lo largo de la historia. Al estar surcando las unidades de la flota rusa el Mediterráneo durante los siglos XVIII y XIX, en más de una ocasión visitaron y entraron en las aguas mahonesas. El 1769, varios marinos de esa nacionalidad fallecerían víctimas del escorbuto, contándose entre ellos su propio almirante en jefe. Era el príncipe de tan sólo diecinueve años Andrea Spiridoff. El Cementerio Ruso se habilitó en una de las cuevas existentes en el acantilado de Cala Figuera. Otro, el llamado Cementerio Griego, sería habilitado por los griegos ortodoxos residentes en Menorca, su ubicación se realizaría en el paraje denominado Es Canyar, sito en la Mola, donde erigirían un mausoleo. Allí se trasladarían también los restos de los rusos por afinidad de religiones, excepto los del príncipe que serían trasladados a la Iglesia de la Concepción de la población (por aquella época iglesia griega, denominada por ellos “San Nicolás”). El Cementerio Francés, ubicado en Sa Baseta (orilla N.), se construyó en 1830, en plena guerra de Francia con Argelia, en que la Isla del Rey estaba cedida como su hospital de guerra. En 1903 era rehabilitado tras una época de abandono, para ser los restos allí depositados trasladados definitivamente a otro panteón que se construiría en el Cementerio de Mahón. Sus muros aún permanecen en pie. El Cementerio de los Ingleses es uno de los dos que aún se conservan con toda su integridad; el otro es el del Lazareto. En 1835 el Consulado inglés adquirió una parcela en el lugar denominado Es Porquer, situado en una cala cercana al Cementerio de los Franceses. Si el recinto actualmente está impecable, se debe a los cuidados que le prodigan miembros de la Armada Americana que casi cada año acuden por medio de alguna unidad de su flota a remozarlo. Existen enterrados varios marinos U.S.A., un Teniente de Navío de la Marina Imperial de Guerra Alemana y otros británicos, entre los que se hallan los restos de Mr. Edwards Gayne, Ayuda de Cámara de Lord Nelson, fallecido en 1846. Otro pequeño cementerio se ubicó en la propia Isla del Rey.

LA ISLA DEL REY

Situada prácticamente en el centro geográfico de la bahía mahonesa, la Isla del Rey tiene una extensión de unos 41.000 metros cuadrados, con una media de 11 metros sobre el nivel del mar. Denominada antiguamente “Isla de los Conejos” por la abundancia de estos roedores en su época, lo cambió por el de “Isla del Rey” por desembarcar en ella en 1286 el Rey Alfonso el Liberal. Como “Isla del Hospital” por la función de las edificaciones que en ella se levantaron por los ingleses en el siglo XVIII (“Bloody Island” en versión británica). Entre 1771 y 1776 se levantaron los preciosos edificios que aún hoy pueden contemplarse, aunque en estado verdaderamente ruinoso. El edificio estaba constituido por dos plantas, conteniendo su fachada interior una serie de arcadas que embellecían su arquitectura, mientras que la cámara y estancias de la planta baja tenían sus bóvedas de cañón. Por el exterior el edificio estaba reforzado por unos sólidos contrafuertes. En el centro presidía la construcción una esbelta torre. Actualmente se encuentra en restauración.

LA BASE NAVAL

Comenzó como Arsenal, después se convirtió en la Base Naval y, actualmente, Estación Naval. Nació con su primera denominación durante la primera dominación inglesa (1708 / 1756) debido a los intereses que sus dominadores para poder tener en Mahón una gran base de aprovisionamientos de todo tipo para sus flotas. Previamente había sido ya utilizada la zona para varar diferentes tipos de embarcaciones. Sir Richard Kane comenzó a levantar diferentes almacenes y a urbanizar la zona, que sería rematada bajo el mandato de otro Gobernador inglés: Sir William Blakeney. En 1768, el Coronel Johnston decidió explanar la Isla de Pinto o de Saffors, como la denominaban los ingleses.

Durante la dominación francesa el Arsenal quedó postergado. Nuevamente bajo el poder de Inglaterra, se amuralló todo el recinto, inaugurando las obras el General Murray. Con la nueva victoria de los franceses, las murallas no sirvieron de mucho puesto que su guarnición se rendía rápidamente. Bajo las recomendaciones del Almirante Augusto Miranda se construyeron tres espigones destinados a los submarinos y a los torpederos de aquella época. Más adelante se construyeron unos hangares con una rampa y grúa para uso de los hidroaviones. Se habilitaron diferentes edificios para residencias, almacenes, central eléctrica, depósitos de combustible, de explosivos, etc. Actualmente se utiliza como estación de aprovisionamiento de agua, combustible y víveres para las unidades de la Armada española y de la O.T.A.N.


Enlaces

LA MOLA DE MENORCA
www.fortalesalamola.com

ISLA DEL REY
www.islahospitalmenorca.org

LAZARETO DE MAHÓN
www.lazaretodemahon.com


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AJUNTAMENT DE MAÓ-MAHÓN
www.ajmao.org

CONSELL INSULAR DE MENORCA
www.cime.es

GOVERN DE LES ILLES BALEARS
www.caib.es


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AUTORIDAD PORTUARIA DE BALEARES
www.portsdebalears.com

TURISMO DE MENORCA
www.menorca.es

ESTACIONES NÁUTICAS DE MENORCA
www.enmenorca.org


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AMICS DE LA MAR PORT-MAÓ
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